lunes, 5 de diciembre de 2011

Luis Cabrera Delgado recibe su Medalla al Mérito Oreste Plath

Manuel Peña Muñoz, escritor chileno, viajó a La Habana para hacer entrega de la Medalla
al Mérito Oreste Plath, otorgada por la Academia Chilena de Literatura Infantil y Juvenil a
LUIS CABRERA DELGADO.
La Medalla al Mérito Oreste Plath que me otorgó la Academia Chilena de Literatura Infantil y Juvenil, y que en su momento la recibiera en mi nombre mi nieto sobrino Miguel Ángel Cabrera en acto celebrado en la Feria Internacional de Libro de Santiago de Chile, llegó a Cuba en manos del escritor e investigador chileno Manuel Peña Muñoz, quien me la entregó el pasado 25 de noviembre, durante el Evento Internacional de Narración Oral efectuado en el Salón de Embajadores del Hotel Habana Libre.

Comparto con usted, a través de esta foto, el emotivo momento y agradezco a todos los que tuvieron que ver con que tan honrosa distinción llegara a mi pecho.

Luis Cabrera Delgado

martes, 8 de noviembre de 2011

MEDALLA AL MÉRITO "ORESTES PLATH" para Luis Cabrera Delgado

Miguel Ángel Cabrera Rojas
Le agradezco a los miembros de la Academia Chilena de Literatura Infantil y Juvenil que me hayan honrado con la distinción MEDALLA AL MÉRITO "ORESTES PLATH". El acto de entrega fue el pasado sábado 29 de octubre en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile. A pesar de mi deseo, y de las facilidades que me brindó el Instituto Cubano del Libro, me fue imposible asistir a dicho acto, por lo que designé a mi sobrino nieto Miguel Ángel Cabrera Rojas, chilenito santiaguino, que la recibiera en mi nombre, lo que realizó con mucha satisfacción.
Después de tener sobre su pecho mi medalla, impuesta por Estela Socias, presidenta de la ACHLIJ, Miguel Ángel tomó el micrófono y dijo:

"Mi tío abuelo Luis Cabrera se siente muy feliz de recibir esta condecoración, y yo me siento muy orgulloso, de representarlo a él" 

Es que así somos los Cabrera: osados desde niños. Y para que vean que no miento, ahí te adjunto una foto del acontecimiento.

Saludos,

Luis Cabrera Delgado

martes, 2 de agosto de 2011

ASEDIOS al quehacer intelectual de LUIS CABRERA DELGADO

 
por Yaima Rodríguez*
   Durante mucho tiempo estuvieron considerados como temas tabúes en la literatura creada para niños y jóvenes tópicos como el sexo, la muerte, las enfermedades, el hambre, el dolor y otras miserias que empequeñecen al ser humano. Qué se puede decir y qué no han sido entonces interrogantes con las que han tenido que lidiar los escritores de ficciones infantojuveniles. 
   En el primer Forum sobre Literatura Infantil y Juvenil realizado en la Cuba revolucionaria, Mirta Aguirre, en su ponencia “Verdad y fantasía en la literatura para niños”,  se cuestiona si
hemos de temer hablarles de la tristeza, de la sangre o de la muerte. O debemos los adultos, actuando como intermediarios inteligentes, afrontar todo eso, explicar todo eso y aprovechar todo eso de manera tal que lo literario pueda ser utilizado como puente para que la dura, implacable verdad histórica pueda ser asimilada  por la inteligencia y la sensibilidad de los hombres del mañana (...)[1]
   Como bien supo apreciar Mirta Aguirre, la vida no es solo ternura y belleza, sino que eventos desagradables también se encuentran presentes en la misma. Por tanto, la avezada intelectual subraya que ese costado feo no debe ser disimulado ni escondido, menos a quienes se tendrán que enfrentar con ellos algún día. Verdad y fantasía constituyen así un binomio imprescindible para la literatura infantojuvenil,  la cual, a su vez, ejerce gran influencia en la formación de los niños y jóvenes, en tanto gestora de valores éticos. Por esta razón, Consuelo Portu y Mariela Landa[2]  valoran cómo la cuestión no es solo qué se le dice a este tipo de receptor, sino cómo se debe decir.
   En Cuba, es  justamente en la década de los ochenta que encontramos los primeros síntomas de escritores infantojuveniles que buscan nuevos derroteros, en pos de diferenciarse, además, de las promociones anteriores. Este va a ser el momento en el cual destacan autores como Julia Calzadilla, Excilia Saldaña, e Ivette Vian.
   Ya en este canon -que irá madurando y creciendo paulatinamente-  encontramos la voz autoral de Luis Cabrera Delgado,  con Antonio, el pequeño mambí (1985); Tía Julita (1987) y el Niño de la bota (1989). En esta, su primera serie literaria, va consolidando un paradigma que irá manteniendo como leit motiv constante; en este caso, el de precursor y transgresor a la vez en la literatura infantojuvenil cubana.
   De esta primera serie literaria es imprescindible señalar que Antonio, el pequeño mambí, es una obra que, hasta donde he podido detectar, constituye uno de los primeros antecedentes dentro de las letras cubanas infantojuveniles en las que se ficcionaliza, como pilar temático fundamental, un hecho histórico. Aquí Cabrera Delgado consigue con efectividad la simbiosis, muy cara a la Posmodernidad, entre ficción e historia. En este caso, el autor optó, con gran valentía, por contarle a sus receptores la infancia de un héroe muy reconocido por la historia cubana: Antonio Maceo. Ya desde este título encontramos, así, otra característica que se verá impulsada en la producción literaria posterior de Cabrera Delgado: el centrar la atención sobre personajes héroes o, mejor dicho, sobre otros tipos de héroes.
    Dentro de este primer paradigma no podemos dejar de mencionar Tía Julita. En esta noveleta, Cabrera Delgado combina la oralidad con diversos recursos posmodernos. Sin embargo, su impacto en el campo literario cubano radica en que esta obra es precursora de un cambio de signo: transgrede el archiconocido tópico de las hadas. Además, perfila dos de sus grandes temas: el viaje como motivo y la alternancia entre dos realidades que, en múltiples ocasiones, terminan siendo la misma.
   La segunda serie literaria de Cabrera Delgado se produce en el marco de la década de los noventa, y se inscribe en  un contexto literario de búsqueda y experimentación de novísimas posibilidades. En este periodo, los autores infantojuveniles no solo se debatían buscando una nueva estética en pos de mostrar la realidad a los más jóvenes, sino que además jugaban con los límites de si era justo o necesario enseñársela.
   Luis Cabrera Delgado no solo se va a encontrar entre los autores de esta nueva poética, sino que además va a ser uno de los protagonistas indiscutibles de este viraje literario. Sin embargo, mientras que muchos escritores enmarcaban sus historias a partir de los entornos familiares, raciales, escolares, e incluyendo temáticas tabúes, Cabrera Delgado tiene el mérito de llevar esta poética hacia otros límites.
   Sandra Comino, señala que
Las representaciones de la infancia surgen de un imaginario, como resultado de la observación de un objeto social que permite la interpretación cotidiana de los individuos acerca de ese objeto.[3]
   Y es precisamente ese imaginario el que se ve subvertido completamente en las obras de los noventa de Cabrera Delgado pero, ahora, a partir del diseño del cuerpo del protagonista niño. Así, a través de una mirada foulcaultina, podemos afirmar que, a grandes rasgos, la impronta de Cabrera Delgado en las letras cubanas, y teniendo en cuenta esta nueva serie, es inmensa. No solo estamos ante cambios en los planos temáticos o formales. El lector tendrá un papel activo en el mismo proceso de lectura, en tanto Cabrera Delgado le presenta un niño protagonista otro, extraño, donde la diferencia parte ya no solo de una complejización psicológica, sino de la construcción autoral de un cuerpo individual sometido al ejercicio del poder del cuerpo social. Así, estos antihéroes (o héroes de la posmodernidad), deberán interactuar con otros cuerpos sociales a partir  de las relaciones de sometimiento en las que se verán inmersos.
    Esta serie literaria está compuesta por Pedrín (1991); Mis dos abuelos (1992); Carlos el titiritero (1992); Los calamitosos (1993); Nano o Nino (1995); Mayito (1997); Catalina la maga (1997); Ito (1997); Raúl, su abuela y los espíritus (1998); Capote Blanco (1999); y Cuentos de Jarahueca (1999). Dentro de este paradigma literario, quiero destacar dos noveletas que, sin lugar a dudas, consolidan y sintetizan estos derroteros literarios de Cabrera Delgado: Pedrín  e Ito.
   Pedrín es el nombre del niño protagonista de la novela homónima de Cabrera Delgado. La construcción de este personaje vuelve a marcar, dentro de la trayectoria literaria de su autor, un antecedente importantísimo dentro del panorama literario cubano: el lector se encuentra frente a un niño protagonista con una  discapacidad física.  Por su parte,  con Ito, Cabrera Delgado vuelve a marcar el campo literario cubano, ahora a través de la creación de un personaje que está en plena infancia, pero que por sus gustos parece potencialmente homosexual. Solo por esta razón va a estar sujeto a todo un imaginario patriarcal del cual, ni aunque cambie de escuela o de apariencia física, podrá escapar.
   La tercera serie literaria de Luis Cabrera quedaría enmarcada temporalmente a partir del año 2000. De entre ellas (pues cabe señalar que muchas han sido publicadas por editoras extranjeras), encontramos títulos como El aparecido de la mata de mango (2000); Vino tino y perejil (2000); ¿Dónde está La Princesa? (2001); Con El niño de la bota (2002); Goodofredo Malasartes (2003); y El misterio del pabellón hexagonal (2008). Dentro de este paradigma, volvemos a encontrarnos, ahora con nuevos tratamientos, temas como la vejez, la muerte y la multiplicidad de realidades confluyentes. Sin embargo, no puedo dejar de comentar ¿Dónde está La Princesa?, obra ya convertida en un clásico de nuestra literatura infantojuvenil.   
   La publicación de esta noveleta revolucionó completamente el canon literario infantojuvenil en Cuba. Es la primera noveleta destinada por la crítica a lectores infantojuveniles, pero que toca un tema tan humano y lacerante como el del VIH/SIDA. ¿Dónde está La Princesa? se inscribe dentro de una zona de creación literaria que ya estaba abordando, desde diversas perspectivas, esta pandemia. Sin embargo, Luis Cabrera marca una trasgresión mayor, en tanto se inscribe en el marco de este discurso hipocondríaco literario cubano sobre el VIH/SIDA desde la plataforma infantil.
   El niño Germancito, protagonista de la novela, se enfrenta no solo ante grandes enigmas de la Humanidad, como qué significa la muerte o qué hay después de la misma, sino que afronta además la temida dolencia de nuestros tiempos: el VIH/SIDA. Esta epidemia, asociada fuertemente con la muerte, lleva consigo un marcado estigma devenido en castigo, culpa y vergüenza.  Cabrera Delgado subvierte todo tipo de norma y muestra la dura realidad de estar infectado, a partir de recursos metafóricos y empleando como estrategia discursiva el humor. Con esto no se quiere decir que le reste seriedad al asunto.
   El narrador de la noveleta en cuestión le presenta al lector diversos personajes: La Princesa, (seudónimo con el que es conocida la mamá de Germancito), ex cantante de un grupo de rock; Bamboleo, un homosexual; Le Mond, quien había llevado una “mala vida”,  Medellín, un drogadicto ex baterista de la misma banda de rock que La Princesa y ex convicto, Melao, padre del niño y quien buscaba a diario diferentes muchachas “para pasar la noche”  y Vidatriste, mujer de muchos amores nacionales y extranjeros. Todos ellos están infectados y mueren de SIDA (excepto Melao, quien al final de la obra se encuentra ya en la etapa terminal de la enfermedad). Aquí, el escritor enmarca el archiconocido estigma que se le ha impuesto al VIH/SIDA: su asociación con determinados grupos o espacios ya marginados (rockeros, drogadictos, homosexuales, prostitutas, convictos). Este elemento resulta capital, pues implica que, a partir de  la combinación del padecimiento con otros estigmas pre-existentes, la situación de estos sectores resulta más difícil. A esto se le suma que se ha entendido a las personas afectadas como responsables de su condición debido a sus actividades de riesgo: «se lo han buscado».
   A ese significado del VIH/SIDA como muerte, marcada a su vez por la vergüenza y la imputación de culpa, ¿Dónde está La Princesa? implica un salto cualitativo. Si bien el VIH/SIDA es identificado como destrucción orgánica que, paulatinamente, lleva al deceso, la muerte de cada uno de los amigos de La Princesa y de Melao abre las puertas a la fantasía. En la noveleta se hacen presentes las manchas que vaticinan el deterioro físico por etapas, anunciando así la proximidad de la muerte. Sin embargo, y a partir de un guiño dantesco, Germancito viaja hacia el mundo de ultratumba, no en pos de huir de su marcada existencia, sino en la búsqueda de su mamá, o, mejor dicho, en la búsqueda del amor. Cuando el lector llega a los últimos momentos de la historia, advierte a un niño que, al mirarse las manos, se siente plenamente feliz: ha descubierto las manchas mortíferas. No le teme a la muerte, sino que la desea para estar con su mamá. De esta forma, Luis Cabrera despoja al VIH/SIDA de toda esa significación peyorativa. Transforma la metáfora de la muerte en la metáfora del amor.
   Cabrera Delgado evidencia también la exclusión social a la que son sometidos los infectados. A partir de la (re)creación de la metáfora militar, esto es, el VIH/SIDA como ese enemigo externo que invade nuestro organismo, el autor pone en evidencia el terror que impera en la sociedad, en tanto esta última también entiende a la epidemia como un invasor asesino de la colectividad. Cabrera Delgado explota esta creación del significado, en pos de criticar el sentido de repulsión con el cual son vistos los pacientes, ahora convertidos en enemigos. En otras palabras, el SIDA como metáfora de la contaminación y la degradación, de ahí el peligro. Hasta en el mundo de ultratumba le tienen pavor a infectados.
   Por estas resemantizaciones de los significados en torno al VIH/SIDA, a partir de nuevas creaciones, es que considero a ¿Dónde está La Princesa? como una obra que, sin dudas, ha marcado la historia de las letras cubanas. Cabrera Delgado no se limita a mostrar el aislamiento forzoso de los infectados, la paranoia de la sociedad ante el enfermo. Muy al contrario, le muestra al lector, sin emitir nunca de manera explícita juicios éticos o morales, la significación de aceptar lo diferente. Su noveleta se erige como un proceso de acción transformadora sobre la realidad, destacando cómo el papel de la educación resulta estratégico ante conflictos e injusticias. A partir de la dinámica intrafamiliar, y subrayando la importancia del papel que desempeñan los que rodean al enfermo, Cabrera Delgado legitima ante los ojos del receptor a ese grupo estigmatizado socialmente. Así, a través de los diversos personajes y, en especial, mediante Germancito, nos acercamos a un universo que propone una novedosa lectura de la enfermedad, sustentada, ahora, sobre los verdaderos pilares éticos de los valores humanos. ¿Dónde está La Princesa? ofrece la oportunidad a cualquier lector, sin importar su edad, de encontrar respuestas a inquietudes y desvelos. Responde, por tanto, a las nuevas necesidades de los niños y jóvenes universales, mostrándoles un derrotero lleno de amor y comprensión.
   Se hace imprescindible mencionar otra repercusión que ha tenido esta novela. Me refiero a la convocatoria que lanzan el  Proyecto Cultura y Prevención y la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena. Un concurso titulado “Buscando La Princesa”, donde participan adolescentes y jóvenes comprendidos en las edades de 12 a 18 años. Los mismos deben redactar, en una cuartilla con no menos de tres párrafos, qué significado ha tenido la lectura de esta obra literaria en ellos.
   El desempeño escritural de Luis Cabrera Delgado comprende hasta hoy más de veinticinco títulos, sin contar los cuentos que han aparecido en otras publicaciones.  No obstante, su labor literaria no solo se ha centrado en la literatura infantojuvenil. Ha incursionado también, felizmente, en la ficción para adultos. En Foto de familia, publicado por la Editorial Letras Cubanas en 2003, vuelve a centrar su atención sobre la dinámica de una familia cubana en la que Manita García funciona como personaje articulador de una fábula que entreteje armónicamente dos realidades: la familiar y la del país. Retorna aquí otra vez Luis Cabrera con un tópico que desautomatiza el panorama literario cubano: su propuesta de construcción de una nación.
 
   Otro aspecto imprescindible a tener en cuenta es su labor desempeñada como investigador y crítico literario. Su incursión en estos ámbitos aún se ofrece tentadora  no solo como propuesta de recopilación, sino también como estudio académico. En ambos casos, la pertinencia viene justificada por la agudeza y el juicio mesurado, herramientas teóricas que le posibilitan a Cabrera Delgado ofrecer claves vitales para poder aprehender los derroteros ficcionales infantojuveniles. Sus reflexiones,  volcadas no solo al contexto nacional sino también al latinoamericano, permiten la interrelación entre teoría y práctica, así como también, y mediante una relación dialéctica con el receptor, el diálogo  con una diversidad de lectores. Otra cualidad que engrandece y amerita su labor crítica investigadora es esa ausencia de prejuicios intelectuales con que ejerce su criterio, develando así la condición de crítico militante gramsciano, en tanto cumple la función de orientar, de ser creador y, con ello, de desempeñar la alta tarea humanizadora. Baste solo mencionar sus reflexiones en torno a las interrelaciones de la literatura infantojuvenil y el folclor; a sus concepciones sobre oralidad; o a su “Panorama de la literatura para niños y jóvenes”, texto incluido en el tercer tomo de la Historia de la Literatura Cubana, volumen dirigido por el Instituto de Literatura y Lingüística en la Ciudad de La Habana.
   Luis Cabrera Delgado también ha desarrollado una importantísima labor como seleccionador. En este sentido, vale apuntar su capacidad intelectual y sensibilidad, como notas distintivas que han propiciado esta certera labor, desempeñada no solo en Cuba, sino también en el extranjero. Con este quehacer Cabrera Delgado logró fijar, dentro de un canon específico infantil, textos medulares sobre poesía infantil villaclareña, y sobre cuentos argentinos y chilenos.
   Gracias entonces, Luis Cabrera Delgado, por tu vasta y dedicada obra, por enseñarnos a todos la importancia de buscar el amor y, además, por mostrarnos la importancia de respetar  y valorar siempre a ese otro con el que, indudablemente, convivimos.
    
* Profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.


[1] “Verdad y fantasía en la literatura para niños”, en Acerca de la literatura infantil. Selección de lecturas.  Tercera reimpresión. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, 2002,  p.9.
[2] Cfr.  Consuelo Portu y  Mariela Landa: “Formación  y desarrollo de los valores éticos en el niño y en el adolescente a través de la literatura. La literatura infantil y juvenil como creadora de valores estéticos en el niño y el adolescente.”, en Acerca de la literatura infantil. Selección de lecturas.  Tercera reimpresión. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, 2002, pp. 15-20.
[3] Comino, Sandra: “Infancia y desigualdad. La lectura como resistencia en los tiempos de crisis” en En Julio como en Enero. La Habana, 2003, # 15,

domingo, 31 de julio de 2011

Crónica de viaje

Hace ya once días que regresé de los Estados Unidos. Esta vez no pensé escribir mi crónica de viaje, pues lo bueno –como dice el refrán- si poco: mejor, pero el público (mis amigos) me la piden, así que manos a la obra. Si se aburren, es por culpa de los solicitantes.

Esta crónica pudiera tener una primera parte de felicidad plena, que me gustaría acompañar con imágenes y bromas, pero la memoria flash en que traje las fotos parece que se traumatizó con su arribó a Cuba, no quiere dejarme acceder a la información que contiene y la tengo amenazada con llevarla a un buen cibernético para que me la formatee.
Los días que estuve en los Estados Unidos comenzaron con un recorrido con mi hijo Sinuhé y su esposa durante quince días por seis estados: salimos de Florida, pasamos por Alabama, fuimos a dar a Tennessee, cruzamos a Carolina del Norte; después llegamos a hasta Arkansas y regresamos por Mississippi para entrar de regreso de nuevo a la península floridana: cerca de tres mil millas/nalgas-auto. Visitamos, entre otras ciudades, Atlanta, Nashville, Birmingham, Menhpis… Estuvimos en el parque nacional Great Smoky Mountains, viajé por el río Mississippi, estuve en un pueblo de indios cherokes, vi osos salvajes en medio de un bosque, entre en un fuerte de madera verdadero, como el que imaginaba de niño cuando jugaba a indios y soldados; volví a mi adolescencia rokanrrolera en la mansión museo de Elvis Presley y en su casa natal, estuve en la iglesia de Luther Martin King, “me subieron” en un funicular y vi hasta los desastres ocasionado por un tornado.
Una segunda etapa fue en Miami disfrutando a mis nietas; y con ellas y con Ra, mi otro hijo, y su esposa, tuve la oportunidad de dedicar mis últimos días, antes del regresar, para visitar Cabo Cañaveral y ver el trasbordador listo para partir; aunque me hubiera gustado ver el fuego y oír el rugido de sus motores para vivenciar lo mismo que los profetas cuando vieron a Jehova regresar a los cielos, pero los cosmonautas saldrían al Cosmos, el mismo día que yo para Cuba (eso creía).
El viernes 8 de julio, puntual, estuve en el aeropuerto para chequear boleto y pesar mi equipaje. Con los últimos besos de mis nietas, hijos y nueras, crucé emigración y aduana para entonces comenzar a padecer lo que por las lágrimas de Camila y  la carita  de tristeza de Emilia debí presentir que nada bueno me deparaba el destino.
El avión debía despegar a las 8:00 pm., pero en la puerta de embarque (por cierto, pérdida en la último del aeropuerto de Miami) me esperaba el aviso de que este saldría con una hora de atraso. Cerca de la hora en que debíamos haber comenzado a abordar la nave,  apareció el aviso de media hora más de demora; y así sucesivamente a las 10, a las 10:30, a las 11, a las 11:30 y por último a las 12. En un momento dado de la espera cerró la única pequeña cafetería de aquel desolado rincón, y comenzó mi angustia de que no me fueran a alcanzar los alimentos que llevaba para evitar una hipo glicemia (recuerden que soy diabético), pero los supe administrar, con hambre, pero sin problemas.
La subida al avión fue en desbandada, pero no por indisciplina, sino por el apuro que exigían los sobrecargos, pues según ellos, si no despegábamos en diez minutos, cerraban el aeropuerto de Cienfuegos. Nunca explicaron qué sucedería si aquello ocurría: ¿nos quedábamos sentados en el avión, regresábamos al salón de espera, iríamos a aterrizar al aeropuerto de La Habana o –como alguien pensó- estaríamos dando vueltas en el aire hasta que amaneciera?
Al fin el avión levantó su nariz rumbo a Cuba; no precisamente en los cacareados diez minutos, sino algunos más, los que pude aprovechar para cambiarme de asiento; es que durante el tiempo que tuvimos que aguardar a que nos llamara, sufrimos las constantes disputas entre una refunfuñona dama y su inadecuado hermano. Me tocó sentarme junto a la ventanilla, y cuando pensé que iría sólo en esa fila, se parecieron los susodichos sujetos y se me sentaron al lado. A pesar de que ya habían dado el aviso de que no se usaran los teléfonos celulares, este individuo lo sacó y comenzó a llamar a una serie interminable de personas a las que todas les decía lo mismo:
    ─Ya estoy sentado en el pájaro de hierro. Te cuento cuando regrese.
Yo me atreví a señalarle que ya habían informado no usar los celulares. El tipo muy complacido me lo agradeció, pero me hizo el caso del perro y siguió con su letanía de “ya estoy sentado en el pájaro de hierro…” Cuando ya no le quedó a quien llamar, dejó el celular, sacó un botella de wiskey y me preguntó si en el avión se podía tomar. Le dije que no sabía, y ante la duda, cada vez que un sobrecargo se acercaba contando a los pasajeros, disimuladamente él la escondía. Ya su hermana lo requería y se escandalizó, cuando le quitó la tapa a la botella con los dientes. Pasó una vez más el sobrecargo y le indicó que se pusiera el cinturón, pero antes de que lo hiciera, yo les pedí que me dejaran salir y alegando estrechez del espacio para mis piernas, me fui a otro asiento.
El vuelo transcurrió con toda normalidad. Si hubiera salido a su hora, hubiera arribado a Cienfuegos a las 8:50 pm. del propio día 8 de julio, pero aterrizamos a la 1:10 am. el día 9. No tuve problemas en la taquilla de inmigración y  hasta creí percibir satisfacción en el oficial cuando me estampó el cuño de ingreso; apretó el interruptor de una chicharra que me indicó que la puerta de entrada al país estaba abierta para mí, y con una extraña sonrisa, entre irónica y malsana, me dijo: “bienvenido”.
El salón de aduana de aquel pequeño aeropuerto es una gran vorágine. Doscientos pasajeros alrededor de una sola cinta por la que sale el equipaje de maletas y bultos todos iguales, pues por una moda impuesta por el ahorro de las libras permitidas quienes vienen de los Estados Unidos sólo usan unos bolsos negros de lona (como el mío); maleteros que en busca de una propina los bajan antes de tiempo; carritos sin las dimensiones apropiadas para tantos paquetes con regalos para los familiares. Algunos viajeros dichosos pueden ir directamente a las pesas de salida, pues en Cuba se cobra impuesto de aduana por encima de un determinado peso; otros, los menos afortunados tienen que ir a las mesas donde tienen que sacar el contenido que traen para que los aduaneros les den o no el visto bueno a cada producto.
Una de mis dos maletas fue la última (¡la última!) en salir, y ya –avisado por un raro o imperceptible sistema de comunicación- me esperaba un oficial de aduana.
   ─¿Esa maleta es suya? ─me preguntó.
   ─Sí ─respondí con la tranquilidad de quién se cree inocente.
   ─Llévele para aquella mesa ─me ordenó.
 A la pregunta de qué traía, le respondí y le entregué la tarjeta que con toda honestidad había llenado declarando los equipos eléctricos que acarreaba (entrar a Cuba equipos eléctricos es, supongo, tan difícil como entrar droga). En el primer renglón aparecía “plancha eléctrica”. Tuve que bucear dentro de mi maleta hasta dar con ella y enseñársela. Parece que el aduanero era nuevo en ese trabajo y tuvo que llamar a un jefe para preguntarle si la podía entrar, impidiéndome así cualquier intento de soborno, pues ya fue del conocimiento público que yo traía una “plancha eléctrica”. A pesar de haber comprado la más barata y sencilla, pensando que sería la que menos electricidad consumía, después de mucho revisarla, y consultado a otro jefe, determinaron que me la tenían que decomisar, pues sobrepasaba en 30 kilowats los permitidos.
El problema entonces fue la planilla que aquel sujeto debió llenar para el decomiso. No sabía cómo hacerlo y a cada momento tenía que llamar a un compañero para que le explicara. Hasta yo, y para tratar de terminar con aquella demora, masoquistamente lo ayudé.
Como los medicamentos y productos alimenticios no se pesan ni se cobran, hay que traerlos en un bulto aparte. Mientras el aduanero llenaba aquella, para él difícil, planilla, cada diez minutos exactos se me acercaba una mujer aduanera diferente para preguntarme lo mismo:
    ─¿Trae alimentos naturales?
Pero en ese mismo momento, el de la plancha me preguntaba la marca.
    ─No sé.
    ─¿Cómo que no sabe qué alimentos trae?
   ─Sí, sé.
   ─Entonces dígame la marca de la plancha.
   Aquel surrealista diálogo cada diez minutos lo único que provocaba era más demora, y cuando al fin el inepto aduanero terminó la planilla, en la que hasta tuve que declarar que estaba complacido con el trato recibido, llamó a uno de los jefes para que la firmara, y a otro para que le pusiera el cuño. Me entregó la copia que me correspondía para si quería, en el termino de 30 días, hiciera la reclamación; pero como después de tanto tiempo juntos éramos casi amigos, me aconsejó que no lo hiciera, pues de ninguna manera me la iban a devolver.
El segundo renglón de mi declaración de aduana decía: impresora. Debí sacarla de la maleta y abrir la caja en que venía. Entonces supe que la tal impresora era la causa de mi desgracia, pues al pasar la maleta por RX antes de que llegara a mí, les pareció que podía ser un horno altamente consumidor de electricidad. Como el jefe consultado parece que no sabía bien la diferencia entre una impresora y una laptop, este sujeto, olvidado de la impresora, me obligó a buscar la factura de la laptop en aquel revoltillo de ropa, alimentos y papeles que ya era mi equipaje.
Como la tal laptop se la traía a un amigo que me la encargó, traía la factura para que este viera lo que me debía pagar. Entonces los aduaneros, no estuvieron conformes con que me hubiera costado la cifra que, producto de la ganga en que la había comprado, decía la factura. Tuvieron que consultar a otros dos jefes para que estos decidieran, y por suerte estos aceptaron el precio como posible. A pesar de que supuestamente el viajero -en este caso yo- puede viajar con una laptop como algo de uso personal, tuve que pagar en peso cubano el equivalente de lo que me había costado en dólares, tal y como establece la ley para los residentes cubanos, pues a los extranjeros (y los cubanos residentes fuera de Cuba, se les considera extranjeros) tienen que pagarla en dólares.
Ante aquel conflicto que acabábamos de solucionar, ya nadie se acordó de la impresora, el aduanero que me atendía me invitó a llevar aquel revoltijo de equipaje para las pesas de la salida, y digo revoltijo, pues no podía guardar los efectos eléctricos ni la bolsa de comida. Intentando acomodar todo aquello en un pequeño carrito de equipaje, me viré y, ¡oh, horror!: ya no quedaba ni un solo pasajero en aquel salón. Temiendo que los amigos que me habían ido a esperar en un auto para seguir a Santa Clara, al no verme salir, se hubieran marchado pensando que no había llegado, pedí que me dejaran asomarme a la puerta para que me vieran, pero no podía separarme de mi equipaje, pues después podía decir que el aduanero me había sustraído algo; tampoco él me podía acompañar, pero como ya en aquel momento éramos buenos amigos, le encargó a un maletero que le fuera a avisar a quienes me esperaban.
Con las maletas a punto de subirlas en la pesa, mi nuevo amigo, el aduanero, miró una vez más la tarjeta con mi declaración de aduana, y en el último reglón donde yo había escrito vio: “contestadora de teléfono” (otro encargo). Tenía que verla. Entonces, ya a punto del desespero me senté en el suelo y empecé a tirar al piso de aquel salón zapatos, bultos de ropa, suvenires, pequeños presentes…, hasta dar con la contestadora. Miró la pequeña cajita y pensó que debía pedirme la factura. Yo se lo vi en los ojos, y como él vio en los míos que iba a entrar en crisis de pánico, me dijo con mucha compasión:
   ─Deja, deja. No me la enseñes (para algo son los buenos amigos, ¿no?).
Tuve que pagar por los equipos eléctricos, por el sobrepeso permitido y no sé si hasta por los alimentos y medicinas, pero no me preguntes cuánto fue, pues en momentos como esos, uno no se está fijando en el dinero. Yo lo que quería era salir de allí. Pero me detuve un momento más. El jefe jefe de los aduaneros iba a abandonar aquel solitario salón, y lo llamé. Con toda la ecuanimidad posible le dije que por razones de trabajo, en los últimos años, yo estaba saliendo dos y hasta tres veces de Cuba, que siempre había viajado por el aeropuerto de La Habana, y que jamás me había ocurrido algo así. Comprobé el refrán de que “pueblo chiquito, infierno grande”. Este sujeto me oyó con una parsimonia terrible, el silencio fue su respuesta, me dio la espalda y se fue.
Al fin se abrieron para mí las puertas de salida. Me acompañaba el maletero que había ido a llevar el aviso a quienes me esperaban; de seguro esperaba una buena propina, pero cuando yo respiré el aire de la madrugada (eran cerca de las 5 am.), vi la oscuridad reinante en aquel paraje, donde solo quedaban mis dos amigos y un auto, solté la energía retenida durante todo el tiempo de mi demora y grité a viva voz todas las malas palabras que existen y otras varias que inventé en ese momento, me defequé en las pobres madres de no sé cuánta gente y quería que alguien se me parara delante para caerle a golpes. El maletero, escapando de mi lado con premura y sin esperar la propina, se limitó a decirles a mis amigos:
     ─Tenga cuidado con él, que está un poco nervioso.

Santa Clara, 20 de julio de 2012 

viernes, 29 de julio de 2011

Luis Cabrera Delgado. Biografía

Nacido en Jarahueca, Yaguajay, Sancti Spíritus es graduado de Psicología
en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas en 1966.

Ha publicado los siguiente libros de Literatura Infantil: 

  1. Antonio el pequeño mambí. 1985. Editorial Gente Nueva 
  2. Tía Julita. 1987. Editorial Unión. 
  3. El niño de la bota. 1989. Colección para un príncipe enano del Ministerio de Cultura. 
  4. Pedrín. 1990. Editorial Capiro. 1994. Editorial Papa-livro de Brasil (traducción al portugués. 
  5. Mis dos abuelos. 1992. Editorial Capiro. 
  6. Los calamitosos. 1993. Editorial Capiro. 1995. Editorial Colíhue. Argentina. 
  7. Carlos el titiritero. 1994. Editorial Gente Nueva. 
  8. Nano o Nino. 1995. Editorial San Luis. 
  9. Mayito. 1997. Editorial Unión. 
  10. Catalina, la maga. 1997. Editorial Norma. Colombia. 
  11. Ito. 1997. Editorial Abril. 
  12. Raúl, su abuela y los espíritus. 1998. Editorial Gente Nueva. 
  13. Cuentos de Jarahueca. 1999. Ediciones Capiro. 
  14. El aparecido de la mata de mango. 2000. Editorial Gente Nueva. 
  15. Vino tinto y perejil. 2000. Ediciones Capiro 
  16. ¿Dónde está La Princesa? 2001. Editorial Gente Nueva. 
  17. Palomita blanca, ¿quién me va a llorar? 2001. Editorial Sed de Belleza. 
  18. Maritrini quiere ser escritora. 2002. Alfaguara. Chile 
  19. Vueltas de vidas revueltas. 2002. Editorial Libresa. Ecuador. 


Cuentos suyos aparecen en:

  • En un camino encontré... Antología de cuentos cubanos para niños. Editorial Abril. 1989. 
  • Cuéntame un cuento. Antología de cuentos para niños. Fundación Gianni Rodari. Italia. 1996. 
  • Antología del cuento cubano. Editorial Gente Nueva. 1997. 
  • Mucho cuento. Editorial Gente Nueva. 1998. 
  • Antología del cuento breve. Editorial Luminaria. 1999. 
  • En los libros de textos de Lectura de la Enseñanza Primaria en Cuba. 
  • En numerosas publicaciones periódicas en Cuba (Revolución y Cultura, La Gaceta, Caimán Barbudo, Unión, Contacto Vanguardia, Huella, Vitrales, Quehacer, Sierra Maestra y otros) 
  • En Litteraturen pa Scenen. Aarhus, Dinamarca. 1992. 
  • En La Cigarra suplemento infantil del semanario Liberación. Malmö. Suecia. 
  • En el Comentario Tuxpeño. México. 

Como seleccionador, ha publicado: 



  • Donde se oye amanecer el sol. Selección de poesía infantil villaclareña. 1988. Colección Para un príncipe enano del Ministerio de Cultura. Cuba. 
  • La casa de las letras. Selección o prólogo de trabajos del Taller de Creación Infantil realizado en la Universidad Veracruzana de México. 1994. Editorial Universidad Veracruzana. México. 
  • La otra imagen de los que somos. Selección de trabajos del Taller de Creatividad realizado por el Consejo Nacional del Fomento del Libro y la Lectura del Ministerio de Educación de Chile. 2000. Santiago de Chile. 

Ha publicado artículos y crónicas en
Cuba en periódicos y revistas nacionales, en
México Comentario tuxpeño, de Xalapa,
Suecia Semanario Liberación, de Malmo, en
Austria Xicóatl. Maganín Cultural, de Viena, en
Estados Unidos de Norteamérica Bookbird. Mansfield, Ohio.

Como critico e investigador literario ha participado en numerosos eventos en Cuba y en el extranjero.
Ha publicado trabajos literarios críticos o ensayísticos en los más importantes periódicos, revistas o boletines electrónicos cubanos y en el extranejoro en: Cuatrogatos. USA, Letras de Chile. Chile, ¿Sexo en la Literatura Infantil?, La Palabra o el Hombre. Numero 89. Revista de la Universidad Veracruzana. México, Amigos del libro. Revista de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil o Juvenil, Sinapsis. Numero 13. Año III. Tuxtla Gutiérrez. México, La necesidad de la lectura. La Literatura como objeto de esa necesidad, SECyS. Secretaria de Educación, Cultura o Salud, Estado de Chiapas. México, Revista En julio como en enero, Cuba, ¿Y siquiera Caperucita Roja?, La palabra o el hombre. Revista de la Universidad Veracruzana, México, Revolución y Cultura, Cuba, El Cuervo. Revista de la Universidad de Puerto Rico, Puerto Rico, Si de promoción se trata, ¿Qué hay con la literatura infantil? Escritores.cl. Literatura Chilena en Internet. Boletín electrónico. Didactismo, ¿función o defecto?,Educación. Revista de la Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Sus obras han sido traducidas al ruso, danés, portugués, alemán e italiano.
Ha brindado conferencias sobre temas literarios y ha sido invitado como profesor en varias Universidades de Cuba y el extranjero y a participado como jurado en eventos como los Encuentros Nacionales Debates de Talleres Literarios en 1985, 1986, 1981, 1990 o 1996, en el Premio Especial La Rosa Blanca en 1991 y en el Concurso David de 1997.
Desde 1990 es guionista, director o conductor de la revista radial especializada en cultura En resumen en la emisora de radio C.M.H.W.
Fue editor de la Editorial Capiro, es miembro del Consejo de Redacción de la Revista Umbrales, fue miembro del Consejo de Redacción del suplemento Cultural Huella del periódico provincial Vanguardia, es miembro del Grupo de Especialistas del Centro Provincial de las Artes Escénicas de Villa Clara, fue Presidente de la Asociación de Escritores y Vicepresidente Ejecutivo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Villa Clara, fue Presidente de la sección de Literatura de la Brigada Hermanos Saíz, Vicepresidente provincial y posteriormente Presidente de dicha organización, fue miembro del Comité Asesor del Grupo de Teatro Guiñol de Santa Clara, fue asesor del trabajo de Extensión Bibliotecaria de la Biblioteca Martí de Santa Clara, fue asesor del trabajo de promoción de la lectura a niños impedidos físicos o motores de la Sala Juvenil de la Biblioteca Martí de Villa Clara, ue colaborador del trabajo de Educación Artística a niños retrasados mentales miembro de la Comisión de Educación Artística en el Sectorial Provincial de Educación de Villa Clara, fue delegado al IV, V y VI Congreso de la UNEAC.

Premios

Ha recibido las siguientes distinciones: Medalla Manuel Ascunce Domenech por su participación en la Campaña de Alfabetización. Consejo de Estado de Cuba. 1982. Medalla Rafael María Mendive por 2 años en la docencia. Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. 1987. Distinción "Por la Colaboración Cultural con la Ciudad". Asamblea Municipal del Poder Popular en Santa Clara. l989. Laureado "Por el trabajo Cultural". Sindicato Nacional de Trabajadores de Cultura. 1989. Diploma "Por el Centenario de La Edad de Oro". Ministerio de Cultura. 1989. Distinción "Por la Cultura Nacional". Ministerio de Cultura. 1992. Huésped Distinguido de la Ciudad de San Cristóbal. Gobierno Municipal de San Cristóbal, Venezuela. 1994. Distinción “Romance de la niña mala” del IBBY Cubano. 2000. Diploma de Honor de Asociación de Escritores Argentinos. 2000. Ha obtenido los siguientes premios literarios: En el Concurso Nacional de Literatura de la UNEAC, Premio Ismaelillo: Mención en 1979 con Narraciones de Jarahueca (inédito) Mención en 1981 con Pedirán. Premio en 1982 con Tía Julita. Premio en 1984 con Mayito. Mención en 1987 con Entre luces, telones o bambalinas (inédito) Mención en 1989 con Catalina la maga. En el Concurso Casa de las América fue finalista o recomendada su publicación: En 1985 con Los Calamitosos. En 1989 con Mis dos abuelos. En el Premio La Rosa Blanca de la sección de Literatura Infantil de la UNEAC a los mejores libros de Literatura Infantil publicados en el año: En 1986 por Antonio, el pequeño mambi. En 1987 por Tía Julita. En 1997 por Ito. En 1998 por Raúl, su abuela y los espíritus. En el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil o Juvenil. Norma-Fundalectura de Colombia. El aparecido de la mata de mango. Recomendación. 1996. Catalina, la maga. Finalista. 1997. En el Concurso Internacional de Cuento o Poesía de Salta, Argentina. poesía sin título. Distinción. 1995. En el Concurso Lazarillo de la Organización Española para el Libro Infantil o Juvenil (OEPLIJ) Mi amigo y el fantasma. Mención Especial. 1995 En el Concurso Internacional de Literatura Infantil “Julio C. Coba”, edición 2001, de Ecuador. Vueltas de vidas revueltas. Finalista y recomendada su publicación. En el Premio de la Crítica del Ministerio de Cultura de Cuba 2001, finalista con el libro ¿Dónde está La Princesa? Como escritor y/o director de programas de radio ha ganado en Festivales Nacionales de Radio los siguientes premios: 1er. Premio Género Aventura: Amenaza submarina. Camagüey 1985. 3er. Premio Genero Teatro: Mayito. Santiago de Cuba 1986. 2do. Premio Genero Histórico Dramatizado: Para Marta. Santa Clara 1989 1er. Premio Genero Histórico No Dramatizado: No somos horda ni rebaño. Ciudad de La Habana 1992. 1er. Premio Género Crónicas: Trescientos Aniversario de la Fundación de Santa Clara. Ciudad de la Habana 1992. 3er. Premio Género Histórico No Dramatizado: Canción de cuna de libertadores. Holguín 1993. 1er. Premio Género Programas Educativos: ¿Y tus padres ya lo saben? Pinar del Río 1994. 2do. Premio Género Revista Cultural Especializada: En resumen. Pinar del Río 1994. 4to. Premio Especial por el Centenario de la Caída en Combate de José Martí: El palo mas fuerte de Cuba. Pinar del Río 1994. 2do. Premio en el genero histórico no dramatizado: Efemérides. San José 1995. 2do. Premio en el genero histórico no dramatizado. Camagüey 1996.
Valoraciones Críticas

- de ANTONIO, EL PEQUENO MAMBÍ. "Otra peculiaridad que merece su mención aquí es la forma empleada por el autor: esa manera sucinta, despejada de retórica nada artificiosa con que narra. Síntesis, economía de medios y un sencillo y coloquial lenguaje ? el de la cotidianidad del hogar ? tipifican esta prosa sólo adornada con la natural belleza que ofrece la vida y las gentes más plenas, como estas que recrea con talento el cuentista. Waldo González López. Trabajadores, 25 de septiembre de 1986. Cuba. "Para el pequeño lector será una encantadora aventura encontrarse con el gran Antonio Maceo...Cuando este era como él...el adulto reconocerá la imaginativa recreación de un fragmento casi desconocido de un héroe sin que la expresión literaria presente la aridez de un manual de historia". Alga Marina Elisagaray. Cartelera de La Habana, 30 de enero de 1986. Cuba. - de TÍA JULITA "Obra que...en el momento preciso...ha venido a sentar las bases de la nueva literatura cubana de hadas". Joel Franz Rosell. Vanguardia, 13 de enero de 1983 Cuba. "...Tía Julita...de Luis Cabrera...que nos hace volver creadoramente...al realismo mágico ... al desenfado estructural...al contraste de la unidad y diversidad en sus dieciocho secciones..." Salvador Redonet En julio como en enero, # 8/89 Cuba. "...esta novela de aventuras, constituye un excelente ejemplo de contemporaneidad y cubanía (...) La fantasía que se desborda en Tía Julita es por tanto, no una elucubración dislocada de un autor, sino una recreación artística de la fantasía propia de los niños(... ) El libro que comentamos puede igualmente servir de modelo de como con los recursos de la fantasía y la imaginación se puede conformar una visión moderna y progresista de nuestro mundo..." Denia García Ronda. Caimán Barbudo, diciembre de 1988. Cuba. - de PEDRÍN. "La habilidad con que Luis conduce las acciones, la ductilidad de un lenguaje que consigue, con solo una palabra darle el carácter de irrealidad a lo real...ponen en evidencia un cuidadoso oficio que avisa desde la sangre, una música personal, un discurrir desde el subconsciente del artista que dicta, con envidiable fluidez, cada imagen, cada símbolo". Ricardo Riverón Rojas. Vanguardia, 14 de septiembre de 1991. Cuba. "Pedrinho e un livro infantil e singelo, de apenas 43 paginas, que se pode ler num piscar de olhos. So que dificilmente alguem fara isto. Simplesmente porque, a todo momento, vai interromper a leitura para saborear as deliciosas imagens construidas pelo autor para refletir sobre alas ou soltar a imagidacao no fantastico mundo da fantasia. Con passagens desse tipo, o autor vai narrando as peripecias de Pedrinho, una especie de Pequeno Principe, porem latino". Vilson Mendes. Vivencia 2do. semestre/94 # 15 Santa Catarina. Brasil. - de LOS CALAMITOSOS. "La reflexión sobre la condición humana, sin borrar los signos de lo figurativo costumbrista, se condensa artísticamente en personajes paródicos, hiperbolizados, mitificados, a partir de sus vicios, de sus calamidades "humanas", creándose la singular mitología de un bestiario pueblerino o de un Olimpo criollo". Aimée González Bolaños. Isla # 104. Revista de la Universidad Central de Las Villas. Cuba. - de CARLOS EL TITIRITERO "La intervención del autor en su obra, hasta el punto de compartir momentos de la acción con sus personajes es un truco genial que se remonta por lo menos al siglo XVIII...pero dudo en un desarrollo tan hábil y consecuente como en este libro...Su estructura es compleja (lo que se nota menos en el plano externo que en el interno), debido a la introducción de once (di)versiones teatrales y a la secuencia fragmentada de episodios...Entre los géneros dramáticos incorporados a la obra no faltan el drama clásico español, el moderno espectáculo escénico interactivo; pero la interrelación abarca también formas del arte y la comuniación como la novela radial, el comic y muy especialmente, los dibujos animados. Otras presencias...nos remiten al no menos rico ajuar de intertextualidad". Joel Franz Rosell. Revista Latinoamericana de Literatura Infantil # 5/97. Colombia. "Carlos el titiritero sitúa en su centro al proceso de creación artística, la relación del autor con el mundo creado y con sus destinatarios (...) a través de un sugestivo juego de espejos y de cambios de roles, el autor narrador de la obra, se relaciona con los personajes, (...) y a la vez el lector con el mundo narrado (... )unida a la desaparición ostensible de efectos de límite entre realidad/ficción, también resultan altamente expresivos de lo peculiar de esta narrativa". Aimée González Bolaños. La literatura infantil cubana ante el espejo. Ediciones Luminarias. Cuba. - de CATALINA LA MAGA. "Luis Cabrera retoma sin maniqueismos el mundo de los adultos, los crítica, desde la mira de la niña que contrapone la magia al sin sentido. Con humor y un personaje bien estructurado Catalina la maga plantea al final la posibilidad de que todos los niños sean magos, como traduciendo la necesidad de que las nuevas generaciones, responsables de vivir en el mundo futuro, a través de la tolerancia y de la lógica sean capaces de crear un planeta mejor". Constanza Padilla R. Revista Latinoamericana de Literatura Infantil # 7, enero-junio de 1998 Colombia.