martes, 2 de agosto de 2011

ASEDIOS al quehacer intelectual de LUIS CABRERA DELGADO

 
por Yaima Rodríguez*
   Durante mucho tiempo estuvieron considerados como temas tabúes en la literatura creada para niños y jóvenes tópicos como el sexo, la muerte, las enfermedades, el hambre, el dolor y otras miserias que empequeñecen al ser humano. Qué se puede decir y qué no han sido entonces interrogantes con las que han tenido que lidiar los escritores de ficciones infantojuveniles. 
   En el primer Forum sobre Literatura Infantil y Juvenil realizado en la Cuba revolucionaria, Mirta Aguirre, en su ponencia “Verdad y fantasía en la literatura para niños”,  se cuestiona si
hemos de temer hablarles de la tristeza, de la sangre o de la muerte. O debemos los adultos, actuando como intermediarios inteligentes, afrontar todo eso, explicar todo eso y aprovechar todo eso de manera tal que lo literario pueda ser utilizado como puente para que la dura, implacable verdad histórica pueda ser asimilada  por la inteligencia y la sensibilidad de los hombres del mañana (...)[1]
   Como bien supo apreciar Mirta Aguirre, la vida no es solo ternura y belleza, sino que eventos desagradables también se encuentran presentes en la misma. Por tanto, la avezada intelectual subraya que ese costado feo no debe ser disimulado ni escondido, menos a quienes se tendrán que enfrentar con ellos algún día. Verdad y fantasía constituyen así un binomio imprescindible para la literatura infantojuvenil,  la cual, a su vez, ejerce gran influencia en la formación de los niños y jóvenes, en tanto gestora de valores éticos. Por esta razón, Consuelo Portu y Mariela Landa[2]  valoran cómo la cuestión no es solo qué se le dice a este tipo de receptor, sino cómo se debe decir.
   En Cuba, es  justamente en la década de los ochenta que encontramos los primeros síntomas de escritores infantojuveniles que buscan nuevos derroteros, en pos de diferenciarse, además, de las promociones anteriores. Este va a ser el momento en el cual destacan autores como Julia Calzadilla, Excilia Saldaña, e Ivette Vian.
   Ya en este canon -que irá madurando y creciendo paulatinamente-  encontramos la voz autoral de Luis Cabrera Delgado,  con Antonio, el pequeño mambí (1985); Tía Julita (1987) y el Niño de la bota (1989). En esta, su primera serie literaria, va consolidando un paradigma que irá manteniendo como leit motiv constante; en este caso, el de precursor y transgresor a la vez en la literatura infantojuvenil cubana.
   De esta primera serie literaria es imprescindible señalar que Antonio, el pequeño mambí, es una obra que, hasta donde he podido detectar, constituye uno de los primeros antecedentes dentro de las letras cubanas infantojuveniles en las que se ficcionaliza, como pilar temático fundamental, un hecho histórico. Aquí Cabrera Delgado consigue con efectividad la simbiosis, muy cara a la Posmodernidad, entre ficción e historia. En este caso, el autor optó, con gran valentía, por contarle a sus receptores la infancia de un héroe muy reconocido por la historia cubana: Antonio Maceo. Ya desde este título encontramos, así, otra característica que se verá impulsada en la producción literaria posterior de Cabrera Delgado: el centrar la atención sobre personajes héroes o, mejor dicho, sobre otros tipos de héroes.
    Dentro de este primer paradigma no podemos dejar de mencionar Tía Julita. En esta noveleta, Cabrera Delgado combina la oralidad con diversos recursos posmodernos. Sin embargo, su impacto en el campo literario cubano radica en que esta obra es precursora de un cambio de signo: transgrede el archiconocido tópico de las hadas. Además, perfila dos de sus grandes temas: el viaje como motivo y la alternancia entre dos realidades que, en múltiples ocasiones, terminan siendo la misma.
   La segunda serie literaria de Cabrera Delgado se produce en el marco de la década de los noventa, y se inscribe en  un contexto literario de búsqueda y experimentación de novísimas posibilidades. En este periodo, los autores infantojuveniles no solo se debatían buscando una nueva estética en pos de mostrar la realidad a los más jóvenes, sino que además jugaban con los límites de si era justo o necesario enseñársela.
   Luis Cabrera Delgado no solo se va a encontrar entre los autores de esta nueva poética, sino que además va a ser uno de los protagonistas indiscutibles de este viraje literario. Sin embargo, mientras que muchos escritores enmarcaban sus historias a partir de los entornos familiares, raciales, escolares, e incluyendo temáticas tabúes, Cabrera Delgado tiene el mérito de llevar esta poética hacia otros límites.
   Sandra Comino, señala que
Las representaciones de la infancia surgen de un imaginario, como resultado de la observación de un objeto social que permite la interpretación cotidiana de los individuos acerca de ese objeto.[3]
   Y es precisamente ese imaginario el que se ve subvertido completamente en las obras de los noventa de Cabrera Delgado pero, ahora, a partir del diseño del cuerpo del protagonista niño. Así, a través de una mirada foulcaultina, podemos afirmar que, a grandes rasgos, la impronta de Cabrera Delgado en las letras cubanas, y teniendo en cuenta esta nueva serie, es inmensa. No solo estamos ante cambios en los planos temáticos o formales. El lector tendrá un papel activo en el mismo proceso de lectura, en tanto Cabrera Delgado le presenta un niño protagonista otro, extraño, donde la diferencia parte ya no solo de una complejización psicológica, sino de la construcción autoral de un cuerpo individual sometido al ejercicio del poder del cuerpo social. Así, estos antihéroes (o héroes de la posmodernidad), deberán interactuar con otros cuerpos sociales a partir  de las relaciones de sometimiento en las que se verán inmersos.
    Esta serie literaria está compuesta por Pedrín (1991); Mis dos abuelos (1992); Carlos el titiritero (1992); Los calamitosos (1993); Nano o Nino (1995); Mayito (1997); Catalina la maga (1997); Ito (1997); Raúl, su abuela y los espíritus (1998); Capote Blanco (1999); y Cuentos de Jarahueca (1999). Dentro de este paradigma literario, quiero destacar dos noveletas que, sin lugar a dudas, consolidan y sintetizan estos derroteros literarios de Cabrera Delgado: Pedrín  e Ito.
   Pedrín es el nombre del niño protagonista de la novela homónima de Cabrera Delgado. La construcción de este personaje vuelve a marcar, dentro de la trayectoria literaria de su autor, un antecedente importantísimo dentro del panorama literario cubano: el lector se encuentra frente a un niño protagonista con una  discapacidad física.  Por su parte,  con Ito, Cabrera Delgado vuelve a marcar el campo literario cubano, ahora a través de la creación de un personaje que está en plena infancia, pero que por sus gustos parece potencialmente homosexual. Solo por esta razón va a estar sujeto a todo un imaginario patriarcal del cual, ni aunque cambie de escuela o de apariencia física, podrá escapar.
   La tercera serie literaria de Luis Cabrera quedaría enmarcada temporalmente a partir del año 2000. De entre ellas (pues cabe señalar que muchas han sido publicadas por editoras extranjeras), encontramos títulos como El aparecido de la mata de mango (2000); Vino tino y perejil (2000); ¿Dónde está La Princesa? (2001); Con El niño de la bota (2002); Goodofredo Malasartes (2003); y El misterio del pabellón hexagonal (2008). Dentro de este paradigma, volvemos a encontrarnos, ahora con nuevos tratamientos, temas como la vejez, la muerte y la multiplicidad de realidades confluyentes. Sin embargo, no puedo dejar de comentar ¿Dónde está La Princesa?, obra ya convertida en un clásico de nuestra literatura infantojuvenil.   
   La publicación de esta noveleta revolucionó completamente el canon literario infantojuvenil en Cuba. Es la primera noveleta destinada por la crítica a lectores infantojuveniles, pero que toca un tema tan humano y lacerante como el del VIH/SIDA. ¿Dónde está La Princesa? se inscribe dentro de una zona de creación literaria que ya estaba abordando, desde diversas perspectivas, esta pandemia. Sin embargo, Luis Cabrera marca una trasgresión mayor, en tanto se inscribe en el marco de este discurso hipocondríaco literario cubano sobre el VIH/SIDA desde la plataforma infantil.
   El niño Germancito, protagonista de la novela, se enfrenta no solo ante grandes enigmas de la Humanidad, como qué significa la muerte o qué hay después de la misma, sino que afronta además la temida dolencia de nuestros tiempos: el VIH/SIDA. Esta epidemia, asociada fuertemente con la muerte, lleva consigo un marcado estigma devenido en castigo, culpa y vergüenza.  Cabrera Delgado subvierte todo tipo de norma y muestra la dura realidad de estar infectado, a partir de recursos metafóricos y empleando como estrategia discursiva el humor. Con esto no se quiere decir que le reste seriedad al asunto.
   El narrador de la noveleta en cuestión le presenta al lector diversos personajes: La Princesa, (seudónimo con el que es conocida la mamá de Germancito), ex cantante de un grupo de rock; Bamboleo, un homosexual; Le Mond, quien había llevado una “mala vida”,  Medellín, un drogadicto ex baterista de la misma banda de rock que La Princesa y ex convicto, Melao, padre del niño y quien buscaba a diario diferentes muchachas “para pasar la noche”  y Vidatriste, mujer de muchos amores nacionales y extranjeros. Todos ellos están infectados y mueren de SIDA (excepto Melao, quien al final de la obra se encuentra ya en la etapa terminal de la enfermedad). Aquí, el escritor enmarca el archiconocido estigma que se le ha impuesto al VIH/SIDA: su asociación con determinados grupos o espacios ya marginados (rockeros, drogadictos, homosexuales, prostitutas, convictos). Este elemento resulta capital, pues implica que, a partir de  la combinación del padecimiento con otros estigmas pre-existentes, la situación de estos sectores resulta más difícil. A esto se le suma que se ha entendido a las personas afectadas como responsables de su condición debido a sus actividades de riesgo: «se lo han buscado».
   A ese significado del VIH/SIDA como muerte, marcada a su vez por la vergüenza y la imputación de culpa, ¿Dónde está La Princesa? implica un salto cualitativo. Si bien el VIH/SIDA es identificado como destrucción orgánica que, paulatinamente, lleva al deceso, la muerte de cada uno de los amigos de La Princesa y de Melao abre las puertas a la fantasía. En la noveleta se hacen presentes las manchas que vaticinan el deterioro físico por etapas, anunciando así la proximidad de la muerte. Sin embargo, y a partir de un guiño dantesco, Germancito viaja hacia el mundo de ultratumba, no en pos de huir de su marcada existencia, sino en la búsqueda de su mamá, o, mejor dicho, en la búsqueda del amor. Cuando el lector llega a los últimos momentos de la historia, advierte a un niño que, al mirarse las manos, se siente plenamente feliz: ha descubierto las manchas mortíferas. No le teme a la muerte, sino que la desea para estar con su mamá. De esta forma, Luis Cabrera despoja al VIH/SIDA de toda esa significación peyorativa. Transforma la metáfora de la muerte en la metáfora del amor.
   Cabrera Delgado evidencia también la exclusión social a la que son sometidos los infectados. A partir de la (re)creación de la metáfora militar, esto es, el VIH/SIDA como ese enemigo externo que invade nuestro organismo, el autor pone en evidencia el terror que impera en la sociedad, en tanto esta última también entiende a la epidemia como un invasor asesino de la colectividad. Cabrera Delgado explota esta creación del significado, en pos de criticar el sentido de repulsión con el cual son vistos los pacientes, ahora convertidos en enemigos. En otras palabras, el SIDA como metáfora de la contaminación y la degradación, de ahí el peligro. Hasta en el mundo de ultratumba le tienen pavor a infectados.
   Por estas resemantizaciones de los significados en torno al VIH/SIDA, a partir de nuevas creaciones, es que considero a ¿Dónde está La Princesa? como una obra que, sin dudas, ha marcado la historia de las letras cubanas. Cabrera Delgado no se limita a mostrar el aislamiento forzoso de los infectados, la paranoia de la sociedad ante el enfermo. Muy al contrario, le muestra al lector, sin emitir nunca de manera explícita juicios éticos o morales, la significación de aceptar lo diferente. Su noveleta se erige como un proceso de acción transformadora sobre la realidad, destacando cómo el papel de la educación resulta estratégico ante conflictos e injusticias. A partir de la dinámica intrafamiliar, y subrayando la importancia del papel que desempeñan los que rodean al enfermo, Cabrera Delgado legitima ante los ojos del receptor a ese grupo estigmatizado socialmente. Así, a través de los diversos personajes y, en especial, mediante Germancito, nos acercamos a un universo que propone una novedosa lectura de la enfermedad, sustentada, ahora, sobre los verdaderos pilares éticos de los valores humanos. ¿Dónde está La Princesa? ofrece la oportunidad a cualquier lector, sin importar su edad, de encontrar respuestas a inquietudes y desvelos. Responde, por tanto, a las nuevas necesidades de los niños y jóvenes universales, mostrándoles un derrotero lleno de amor y comprensión.
   Se hace imprescindible mencionar otra repercusión que ha tenido esta novela. Me refiero a la convocatoria que lanzan el  Proyecto Cultura y Prevención y la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena. Un concurso titulado “Buscando La Princesa”, donde participan adolescentes y jóvenes comprendidos en las edades de 12 a 18 años. Los mismos deben redactar, en una cuartilla con no menos de tres párrafos, qué significado ha tenido la lectura de esta obra literaria en ellos.
   El desempeño escritural de Luis Cabrera Delgado comprende hasta hoy más de veinticinco títulos, sin contar los cuentos que han aparecido en otras publicaciones.  No obstante, su labor literaria no solo se ha centrado en la literatura infantojuvenil. Ha incursionado también, felizmente, en la ficción para adultos. En Foto de familia, publicado por la Editorial Letras Cubanas en 2003, vuelve a centrar su atención sobre la dinámica de una familia cubana en la que Manita García funciona como personaje articulador de una fábula que entreteje armónicamente dos realidades: la familiar y la del país. Retorna aquí otra vez Luis Cabrera con un tópico que desautomatiza el panorama literario cubano: su propuesta de construcción de una nación.
 
   Otro aspecto imprescindible a tener en cuenta es su labor desempeñada como investigador y crítico literario. Su incursión en estos ámbitos aún se ofrece tentadora  no solo como propuesta de recopilación, sino también como estudio académico. En ambos casos, la pertinencia viene justificada por la agudeza y el juicio mesurado, herramientas teóricas que le posibilitan a Cabrera Delgado ofrecer claves vitales para poder aprehender los derroteros ficcionales infantojuveniles. Sus reflexiones,  volcadas no solo al contexto nacional sino también al latinoamericano, permiten la interrelación entre teoría y práctica, así como también, y mediante una relación dialéctica con el receptor, el diálogo  con una diversidad de lectores. Otra cualidad que engrandece y amerita su labor crítica investigadora es esa ausencia de prejuicios intelectuales con que ejerce su criterio, develando así la condición de crítico militante gramsciano, en tanto cumple la función de orientar, de ser creador y, con ello, de desempeñar la alta tarea humanizadora. Baste solo mencionar sus reflexiones en torno a las interrelaciones de la literatura infantojuvenil y el folclor; a sus concepciones sobre oralidad; o a su “Panorama de la literatura para niños y jóvenes”, texto incluido en el tercer tomo de la Historia de la Literatura Cubana, volumen dirigido por el Instituto de Literatura y Lingüística en la Ciudad de La Habana.
   Luis Cabrera Delgado también ha desarrollado una importantísima labor como seleccionador. En este sentido, vale apuntar su capacidad intelectual y sensibilidad, como notas distintivas que han propiciado esta certera labor, desempeñada no solo en Cuba, sino también en el extranjero. Con este quehacer Cabrera Delgado logró fijar, dentro de un canon específico infantil, textos medulares sobre poesía infantil villaclareña, y sobre cuentos argentinos y chilenos.
   Gracias entonces, Luis Cabrera Delgado, por tu vasta y dedicada obra, por enseñarnos a todos la importancia de buscar el amor y, además, por mostrarnos la importancia de respetar  y valorar siempre a ese otro con el que, indudablemente, convivimos.
    
* Profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.


[1] “Verdad y fantasía en la literatura para niños”, en Acerca de la literatura infantil. Selección de lecturas.  Tercera reimpresión. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, 2002,  p.9.
[2] Cfr.  Consuelo Portu y  Mariela Landa: “Formación  y desarrollo de los valores éticos en el niño y en el adolescente a través de la literatura. La literatura infantil y juvenil como creadora de valores estéticos en el niño y el adolescente.”, en Acerca de la literatura infantil. Selección de lecturas.  Tercera reimpresión. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, 2002, pp. 15-20.
[3] Comino, Sandra: “Infancia y desigualdad. La lectura como resistencia en los tiempos de crisis” en En Julio como en Enero. La Habana, 2003, # 15,

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