domingo, 31 de julio de 2011

Crónica de viaje

Hace ya once días que regresé de los Estados Unidos. Esta vez no pensé escribir mi crónica de viaje, pues lo bueno –como dice el refrán- si poco: mejor, pero el público (mis amigos) me la piden, así que manos a la obra. Si se aburren, es por culpa de los solicitantes.

Esta crónica pudiera tener una primera parte de felicidad plena, que me gustaría acompañar con imágenes y bromas, pero la memoria flash en que traje las fotos parece que se traumatizó con su arribó a Cuba, no quiere dejarme acceder a la información que contiene y la tengo amenazada con llevarla a un buen cibernético para que me la formatee.
Los días que estuve en los Estados Unidos comenzaron con un recorrido con mi hijo Sinuhé y su esposa durante quince días por seis estados: salimos de Florida, pasamos por Alabama, fuimos a dar a Tennessee, cruzamos a Carolina del Norte; después llegamos a hasta Arkansas y regresamos por Mississippi para entrar de regreso de nuevo a la península floridana: cerca de tres mil millas/nalgas-auto. Visitamos, entre otras ciudades, Atlanta, Nashville, Birmingham, Menhpis… Estuvimos en el parque nacional Great Smoky Mountains, viajé por el río Mississippi, estuve en un pueblo de indios cherokes, vi osos salvajes en medio de un bosque, entre en un fuerte de madera verdadero, como el que imaginaba de niño cuando jugaba a indios y soldados; volví a mi adolescencia rokanrrolera en la mansión museo de Elvis Presley y en su casa natal, estuve en la iglesia de Luther Martin King, “me subieron” en un funicular y vi hasta los desastres ocasionado por un tornado.
Una segunda etapa fue en Miami disfrutando a mis nietas; y con ellas y con Ra, mi otro hijo, y su esposa, tuve la oportunidad de dedicar mis últimos días, antes del regresar, para visitar Cabo Cañaveral y ver el trasbordador listo para partir; aunque me hubiera gustado ver el fuego y oír el rugido de sus motores para vivenciar lo mismo que los profetas cuando vieron a Jehova regresar a los cielos, pero los cosmonautas saldrían al Cosmos, el mismo día que yo para Cuba (eso creía).
El viernes 8 de julio, puntual, estuve en el aeropuerto para chequear boleto y pesar mi equipaje. Con los últimos besos de mis nietas, hijos y nueras, crucé emigración y aduana para entonces comenzar a padecer lo que por las lágrimas de Camila y  la carita  de tristeza de Emilia debí presentir que nada bueno me deparaba el destino.
El avión debía despegar a las 8:00 pm., pero en la puerta de embarque (por cierto, pérdida en la último del aeropuerto de Miami) me esperaba el aviso de que este saldría con una hora de atraso. Cerca de la hora en que debíamos haber comenzado a abordar la nave,  apareció el aviso de media hora más de demora; y así sucesivamente a las 10, a las 10:30, a las 11, a las 11:30 y por último a las 12. En un momento dado de la espera cerró la única pequeña cafetería de aquel desolado rincón, y comenzó mi angustia de que no me fueran a alcanzar los alimentos que llevaba para evitar una hipo glicemia (recuerden que soy diabético), pero los supe administrar, con hambre, pero sin problemas.
La subida al avión fue en desbandada, pero no por indisciplina, sino por el apuro que exigían los sobrecargos, pues según ellos, si no despegábamos en diez minutos, cerraban el aeropuerto de Cienfuegos. Nunca explicaron qué sucedería si aquello ocurría: ¿nos quedábamos sentados en el avión, regresábamos al salón de espera, iríamos a aterrizar al aeropuerto de La Habana o –como alguien pensó- estaríamos dando vueltas en el aire hasta que amaneciera?
Al fin el avión levantó su nariz rumbo a Cuba; no precisamente en los cacareados diez minutos, sino algunos más, los que pude aprovechar para cambiarme de asiento; es que durante el tiempo que tuvimos que aguardar a que nos llamara, sufrimos las constantes disputas entre una refunfuñona dama y su inadecuado hermano. Me tocó sentarme junto a la ventanilla, y cuando pensé que iría sólo en esa fila, se parecieron los susodichos sujetos y se me sentaron al lado. A pesar de que ya habían dado el aviso de que no se usaran los teléfonos celulares, este individuo lo sacó y comenzó a llamar a una serie interminable de personas a las que todas les decía lo mismo:
    ─Ya estoy sentado en el pájaro de hierro. Te cuento cuando regrese.
Yo me atreví a señalarle que ya habían informado no usar los celulares. El tipo muy complacido me lo agradeció, pero me hizo el caso del perro y siguió con su letanía de “ya estoy sentado en el pájaro de hierro…” Cuando ya no le quedó a quien llamar, dejó el celular, sacó un botella de wiskey y me preguntó si en el avión se podía tomar. Le dije que no sabía, y ante la duda, cada vez que un sobrecargo se acercaba contando a los pasajeros, disimuladamente él la escondía. Ya su hermana lo requería y se escandalizó, cuando le quitó la tapa a la botella con los dientes. Pasó una vez más el sobrecargo y le indicó que se pusiera el cinturón, pero antes de que lo hiciera, yo les pedí que me dejaran salir y alegando estrechez del espacio para mis piernas, me fui a otro asiento.
El vuelo transcurrió con toda normalidad. Si hubiera salido a su hora, hubiera arribado a Cienfuegos a las 8:50 pm. del propio día 8 de julio, pero aterrizamos a la 1:10 am. el día 9. No tuve problemas en la taquilla de inmigración y  hasta creí percibir satisfacción en el oficial cuando me estampó el cuño de ingreso; apretó el interruptor de una chicharra que me indicó que la puerta de entrada al país estaba abierta para mí, y con una extraña sonrisa, entre irónica y malsana, me dijo: “bienvenido”.
El salón de aduana de aquel pequeño aeropuerto es una gran vorágine. Doscientos pasajeros alrededor de una sola cinta por la que sale el equipaje de maletas y bultos todos iguales, pues por una moda impuesta por el ahorro de las libras permitidas quienes vienen de los Estados Unidos sólo usan unos bolsos negros de lona (como el mío); maleteros que en busca de una propina los bajan antes de tiempo; carritos sin las dimensiones apropiadas para tantos paquetes con regalos para los familiares. Algunos viajeros dichosos pueden ir directamente a las pesas de salida, pues en Cuba se cobra impuesto de aduana por encima de un determinado peso; otros, los menos afortunados tienen que ir a las mesas donde tienen que sacar el contenido que traen para que los aduaneros les den o no el visto bueno a cada producto.
Una de mis dos maletas fue la última (¡la última!) en salir, y ya –avisado por un raro o imperceptible sistema de comunicación- me esperaba un oficial de aduana.
   ─¿Esa maleta es suya? ─me preguntó.
   ─Sí ─respondí con la tranquilidad de quién se cree inocente.
   ─Llévele para aquella mesa ─me ordenó.
 A la pregunta de qué traía, le respondí y le entregué la tarjeta que con toda honestidad había llenado declarando los equipos eléctricos que acarreaba (entrar a Cuba equipos eléctricos es, supongo, tan difícil como entrar droga). En el primer renglón aparecía “plancha eléctrica”. Tuve que bucear dentro de mi maleta hasta dar con ella y enseñársela. Parece que el aduanero era nuevo en ese trabajo y tuvo que llamar a un jefe para preguntarle si la podía entrar, impidiéndome así cualquier intento de soborno, pues ya fue del conocimiento público que yo traía una “plancha eléctrica”. A pesar de haber comprado la más barata y sencilla, pensando que sería la que menos electricidad consumía, después de mucho revisarla, y consultado a otro jefe, determinaron que me la tenían que decomisar, pues sobrepasaba en 30 kilowats los permitidos.
El problema entonces fue la planilla que aquel sujeto debió llenar para el decomiso. No sabía cómo hacerlo y a cada momento tenía que llamar a un compañero para que le explicara. Hasta yo, y para tratar de terminar con aquella demora, masoquistamente lo ayudé.
Como los medicamentos y productos alimenticios no se pesan ni se cobran, hay que traerlos en un bulto aparte. Mientras el aduanero llenaba aquella, para él difícil, planilla, cada diez minutos exactos se me acercaba una mujer aduanera diferente para preguntarme lo mismo:
    ─¿Trae alimentos naturales?
Pero en ese mismo momento, el de la plancha me preguntaba la marca.
    ─No sé.
    ─¿Cómo que no sabe qué alimentos trae?
   ─Sí, sé.
   ─Entonces dígame la marca de la plancha.
   Aquel surrealista diálogo cada diez minutos lo único que provocaba era más demora, y cuando al fin el inepto aduanero terminó la planilla, en la que hasta tuve que declarar que estaba complacido con el trato recibido, llamó a uno de los jefes para que la firmara, y a otro para que le pusiera el cuño. Me entregó la copia que me correspondía para si quería, en el termino de 30 días, hiciera la reclamación; pero como después de tanto tiempo juntos éramos casi amigos, me aconsejó que no lo hiciera, pues de ninguna manera me la iban a devolver.
El segundo renglón de mi declaración de aduana decía: impresora. Debí sacarla de la maleta y abrir la caja en que venía. Entonces supe que la tal impresora era la causa de mi desgracia, pues al pasar la maleta por RX antes de que llegara a mí, les pareció que podía ser un horno altamente consumidor de electricidad. Como el jefe consultado parece que no sabía bien la diferencia entre una impresora y una laptop, este sujeto, olvidado de la impresora, me obligó a buscar la factura de la laptop en aquel revoltillo de ropa, alimentos y papeles que ya era mi equipaje.
Como la tal laptop se la traía a un amigo que me la encargó, traía la factura para que este viera lo que me debía pagar. Entonces los aduaneros, no estuvieron conformes con que me hubiera costado la cifra que, producto de la ganga en que la había comprado, decía la factura. Tuvieron que consultar a otros dos jefes para que estos decidieran, y por suerte estos aceptaron el precio como posible. A pesar de que supuestamente el viajero -en este caso yo- puede viajar con una laptop como algo de uso personal, tuve que pagar en peso cubano el equivalente de lo que me había costado en dólares, tal y como establece la ley para los residentes cubanos, pues a los extranjeros (y los cubanos residentes fuera de Cuba, se les considera extranjeros) tienen que pagarla en dólares.
Ante aquel conflicto que acabábamos de solucionar, ya nadie se acordó de la impresora, el aduanero que me atendía me invitó a llevar aquel revoltijo de equipaje para las pesas de la salida, y digo revoltijo, pues no podía guardar los efectos eléctricos ni la bolsa de comida. Intentando acomodar todo aquello en un pequeño carrito de equipaje, me viré y, ¡oh, horror!: ya no quedaba ni un solo pasajero en aquel salón. Temiendo que los amigos que me habían ido a esperar en un auto para seguir a Santa Clara, al no verme salir, se hubieran marchado pensando que no había llegado, pedí que me dejaran asomarme a la puerta para que me vieran, pero no podía separarme de mi equipaje, pues después podía decir que el aduanero me había sustraído algo; tampoco él me podía acompañar, pero como ya en aquel momento éramos buenos amigos, le encargó a un maletero que le fuera a avisar a quienes me esperaban.
Con las maletas a punto de subirlas en la pesa, mi nuevo amigo, el aduanero, miró una vez más la tarjeta con mi declaración de aduana, y en el último reglón donde yo había escrito vio: “contestadora de teléfono” (otro encargo). Tenía que verla. Entonces, ya a punto del desespero me senté en el suelo y empecé a tirar al piso de aquel salón zapatos, bultos de ropa, suvenires, pequeños presentes…, hasta dar con la contestadora. Miró la pequeña cajita y pensó que debía pedirme la factura. Yo se lo vi en los ojos, y como él vio en los míos que iba a entrar en crisis de pánico, me dijo con mucha compasión:
   ─Deja, deja. No me la enseñes (para algo son los buenos amigos, ¿no?).
Tuve que pagar por los equipos eléctricos, por el sobrepeso permitido y no sé si hasta por los alimentos y medicinas, pero no me preguntes cuánto fue, pues en momentos como esos, uno no se está fijando en el dinero. Yo lo que quería era salir de allí. Pero me detuve un momento más. El jefe jefe de los aduaneros iba a abandonar aquel solitario salón, y lo llamé. Con toda la ecuanimidad posible le dije que por razones de trabajo, en los últimos años, yo estaba saliendo dos y hasta tres veces de Cuba, que siempre había viajado por el aeropuerto de La Habana, y que jamás me había ocurrido algo así. Comprobé el refrán de que “pueblo chiquito, infierno grande”. Este sujeto me oyó con una parsimonia terrible, el silencio fue su respuesta, me dio la espalda y se fue.
Al fin se abrieron para mí las puertas de salida. Me acompañaba el maletero que había ido a llevar el aviso a quienes me esperaban; de seguro esperaba una buena propina, pero cuando yo respiré el aire de la madrugada (eran cerca de las 5 am.), vi la oscuridad reinante en aquel paraje, donde solo quedaban mis dos amigos y un auto, solté la energía retenida durante todo el tiempo de mi demora y grité a viva voz todas las malas palabras que existen y otras varias que inventé en ese momento, me defequé en las pobres madres de no sé cuánta gente y quería que alguien se me parara delante para caerle a golpes. El maletero, escapando de mi lado con premura y sin esperar la propina, se limitó a decirles a mis amigos:
     ─Tenga cuidado con él, que está un poco nervioso.

Santa Clara, 20 de julio de 2012 

viernes, 29 de julio de 2011

Luis Cabrera Delgado. Biografía

Nacido en Jarahueca, Yaguajay, Sancti Spíritus es graduado de Psicología
en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas en 1966.

Ha publicado los siguiente libros de Literatura Infantil: 

  1. Antonio el pequeño mambí. 1985. Editorial Gente Nueva 
  2. Tía Julita. 1987. Editorial Unión. 
  3. El niño de la bota. 1989. Colección para un príncipe enano del Ministerio de Cultura. 
  4. Pedrín. 1990. Editorial Capiro. 1994. Editorial Papa-livro de Brasil (traducción al portugués. 
  5. Mis dos abuelos. 1992. Editorial Capiro. 
  6. Los calamitosos. 1993. Editorial Capiro. 1995. Editorial Colíhue. Argentina. 
  7. Carlos el titiritero. 1994. Editorial Gente Nueva. 
  8. Nano o Nino. 1995. Editorial San Luis. 
  9. Mayito. 1997. Editorial Unión. 
  10. Catalina, la maga. 1997. Editorial Norma. Colombia. 
  11. Ito. 1997. Editorial Abril. 
  12. Raúl, su abuela y los espíritus. 1998. Editorial Gente Nueva. 
  13. Cuentos de Jarahueca. 1999. Ediciones Capiro. 
  14. El aparecido de la mata de mango. 2000. Editorial Gente Nueva. 
  15. Vino tinto y perejil. 2000. Ediciones Capiro 
  16. ¿Dónde está La Princesa? 2001. Editorial Gente Nueva. 
  17. Palomita blanca, ¿quién me va a llorar? 2001. Editorial Sed de Belleza. 
  18. Maritrini quiere ser escritora. 2002. Alfaguara. Chile 
  19. Vueltas de vidas revueltas. 2002. Editorial Libresa. Ecuador. 


Cuentos suyos aparecen en:

  • En un camino encontré... Antología de cuentos cubanos para niños. Editorial Abril. 1989. 
  • Cuéntame un cuento. Antología de cuentos para niños. Fundación Gianni Rodari. Italia. 1996. 
  • Antología del cuento cubano. Editorial Gente Nueva. 1997. 
  • Mucho cuento. Editorial Gente Nueva. 1998. 
  • Antología del cuento breve. Editorial Luminaria. 1999. 
  • En los libros de textos de Lectura de la Enseñanza Primaria en Cuba. 
  • En numerosas publicaciones periódicas en Cuba (Revolución y Cultura, La Gaceta, Caimán Barbudo, Unión, Contacto Vanguardia, Huella, Vitrales, Quehacer, Sierra Maestra y otros) 
  • En Litteraturen pa Scenen. Aarhus, Dinamarca. 1992. 
  • En La Cigarra suplemento infantil del semanario Liberación. Malmö. Suecia. 
  • En el Comentario Tuxpeño. México. 

Como seleccionador, ha publicado: 



  • Donde se oye amanecer el sol. Selección de poesía infantil villaclareña. 1988. Colección Para un príncipe enano del Ministerio de Cultura. Cuba. 
  • La casa de las letras. Selección o prólogo de trabajos del Taller de Creación Infantil realizado en la Universidad Veracruzana de México. 1994. Editorial Universidad Veracruzana. México. 
  • La otra imagen de los que somos. Selección de trabajos del Taller de Creatividad realizado por el Consejo Nacional del Fomento del Libro y la Lectura del Ministerio de Educación de Chile. 2000. Santiago de Chile. 

Ha publicado artículos y crónicas en
Cuba en periódicos y revistas nacionales, en
México Comentario tuxpeño, de Xalapa,
Suecia Semanario Liberación, de Malmo, en
Austria Xicóatl. Maganín Cultural, de Viena, en
Estados Unidos de Norteamérica Bookbird. Mansfield, Ohio.

Como critico e investigador literario ha participado en numerosos eventos en Cuba y en el extranjero.
Ha publicado trabajos literarios críticos o ensayísticos en los más importantes periódicos, revistas o boletines electrónicos cubanos y en el extranejoro en: Cuatrogatos. USA, Letras de Chile. Chile, ¿Sexo en la Literatura Infantil?, La Palabra o el Hombre. Numero 89. Revista de la Universidad Veracruzana. México, Amigos del libro. Revista de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil o Juvenil, Sinapsis. Numero 13. Año III. Tuxtla Gutiérrez. México, La necesidad de la lectura. La Literatura como objeto de esa necesidad, SECyS. Secretaria de Educación, Cultura o Salud, Estado de Chiapas. México, Revista En julio como en enero, Cuba, ¿Y siquiera Caperucita Roja?, La palabra o el hombre. Revista de la Universidad Veracruzana, México, Revolución y Cultura, Cuba, El Cuervo. Revista de la Universidad de Puerto Rico, Puerto Rico, Si de promoción se trata, ¿Qué hay con la literatura infantil? Escritores.cl. Literatura Chilena en Internet. Boletín electrónico. Didactismo, ¿función o defecto?,Educación. Revista de la Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Sus obras han sido traducidas al ruso, danés, portugués, alemán e italiano.
Ha brindado conferencias sobre temas literarios y ha sido invitado como profesor en varias Universidades de Cuba y el extranjero y a participado como jurado en eventos como los Encuentros Nacionales Debates de Talleres Literarios en 1985, 1986, 1981, 1990 o 1996, en el Premio Especial La Rosa Blanca en 1991 y en el Concurso David de 1997.
Desde 1990 es guionista, director o conductor de la revista radial especializada en cultura En resumen en la emisora de radio C.M.H.W.
Fue editor de la Editorial Capiro, es miembro del Consejo de Redacción de la Revista Umbrales, fue miembro del Consejo de Redacción del suplemento Cultural Huella del periódico provincial Vanguardia, es miembro del Grupo de Especialistas del Centro Provincial de las Artes Escénicas de Villa Clara, fue Presidente de la Asociación de Escritores y Vicepresidente Ejecutivo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Villa Clara, fue Presidente de la sección de Literatura de la Brigada Hermanos Saíz, Vicepresidente provincial y posteriormente Presidente de dicha organización, fue miembro del Comité Asesor del Grupo de Teatro Guiñol de Santa Clara, fue asesor del trabajo de Extensión Bibliotecaria de la Biblioteca Martí de Santa Clara, fue asesor del trabajo de promoción de la lectura a niños impedidos físicos o motores de la Sala Juvenil de la Biblioteca Martí de Villa Clara, ue colaborador del trabajo de Educación Artística a niños retrasados mentales miembro de la Comisión de Educación Artística en el Sectorial Provincial de Educación de Villa Clara, fue delegado al IV, V y VI Congreso de la UNEAC.

Premios

Ha recibido las siguientes distinciones: Medalla Manuel Ascunce Domenech por su participación en la Campaña de Alfabetización. Consejo de Estado de Cuba. 1982. Medalla Rafael María Mendive por 2 años en la docencia. Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. 1987. Distinción "Por la Colaboración Cultural con la Ciudad". Asamblea Municipal del Poder Popular en Santa Clara. l989. Laureado "Por el trabajo Cultural". Sindicato Nacional de Trabajadores de Cultura. 1989. Diploma "Por el Centenario de La Edad de Oro". Ministerio de Cultura. 1989. Distinción "Por la Cultura Nacional". Ministerio de Cultura. 1992. Huésped Distinguido de la Ciudad de San Cristóbal. Gobierno Municipal de San Cristóbal, Venezuela. 1994. Distinción “Romance de la niña mala” del IBBY Cubano. 2000. Diploma de Honor de Asociación de Escritores Argentinos. 2000. Ha obtenido los siguientes premios literarios: En el Concurso Nacional de Literatura de la UNEAC, Premio Ismaelillo: Mención en 1979 con Narraciones de Jarahueca (inédito) Mención en 1981 con Pedirán. Premio en 1982 con Tía Julita. Premio en 1984 con Mayito. Mención en 1987 con Entre luces, telones o bambalinas (inédito) Mención en 1989 con Catalina la maga. En el Concurso Casa de las América fue finalista o recomendada su publicación: En 1985 con Los Calamitosos. En 1989 con Mis dos abuelos. En el Premio La Rosa Blanca de la sección de Literatura Infantil de la UNEAC a los mejores libros de Literatura Infantil publicados en el año: En 1986 por Antonio, el pequeño mambi. En 1987 por Tía Julita. En 1997 por Ito. En 1998 por Raúl, su abuela y los espíritus. En el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil o Juvenil. Norma-Fundalectura de Colombia. El aparecido de la mata de mango. Recomendación. 1996. Catalina, la maga. Finalista. 1997. En el Concurso Internacional de Cuento o Poesía de Salta, Argentina. poesía sin título. Distinción. 1995. En el Concurso Lazarillo de la Organización Española para el Libro Infantil o Juvenil (OEPLIJ) Mi amigo y el fantasma. Mención Especial. 1995 En el Concurso Internacional de Literatura Infantil “Julio C. Coba”, edición 2001, de Ecuador. Vueltas de vidas revueltas. Finalista y recomendada su publicación. En el Premio de la Crítica del Ministerio de Cultura de Cuba 2001, finalista con el libro ¿Dónde está La Princesa? Como escritor y/o director de programas de radio ha ganado en Festivales Nacionales de Radio los siguientes premios: 1er. Premio Género Aventura: Amenaza submarina. Camagüey 1985. 3er. Premio Genero Teatro: Mayito. Santiago de Cuba 1986. 2do. Premio Genero Histórico Dramatizado: Para Marta. Santa Clara 1989 1er. Premio Genero Histórico No Dramatizado: No somos horda ni rebaño. Ciudad de La Habana 1992. 1er. Premio Género Crónicas: Trescientos Aniversario de la Fundación de Santa Clara. Ciudad de la Habana 1992. 3er. Premio Género Histórico No Dramatizado: Canción de cuna de libertadores. Holguín 1993. 1er. Premio Género Programas Educativos: ¿Y tus padres ya lo saben? Pinar del Río 1994. 2do. Premio Género Revista Cultural Especializada: En resumen. Pinar del Río 1994. 4to. Premio Especial por el Centenario de la Caída en Combate de José Martí: El palo mas fuerte de Cuba. Pinar del Río 1994. 2do. Premio en el genero histórico no dramatizado: Efemérides. San José 1995. 2do. Premio en el genero histórico no dramatizado. Camagüey 1996.
Valoraciones Críticas

- de ANTONIO, EL PEQUENO MAMBÍ. "Otra peculiaridad que merece su mención aquí es la forma empleada por el autor: esa manera sucinta, despejada de retórica nada artificiosa con que narra. Síntesis, economía de medios y un sencillo y coloquial lenguaje ? el de la cotidianidad del hogar ? tipifican esta prosa sólo adornada con la natural belleza que ofrece la vida y las gentes más plenas, como estas que recrea con talento el cuentista. Waldo González López. Trabajadores, 25 de septiembre de 1986. Cuba. "Para el pequeño lector será una encantadora aventura encontrarse con el gran Antonio Maceo...Cuando este era como él...el adulto reconocerá la imaginativa recreación de un fragmento casi desconocido de un héroe sin que la expresión literaria presente la aridez de un manual de historia". Alga Marina Elisagaray. Cartelera de La Habana, 30 de enero de 1986. Cuba. - de TÍA JULITA "Obra que...en el momento preciso...ha venido a sentar las bases de la nueva literatura cubana de hadas". Joel Franz Rosell. Vanguardia, 13 de enero de 1983 Cuba. "...Tía Julita...de Luis Cabrera...que nos hace volver creadoramente...al realismo mágico ... al desenfado estructural...al contraste de la unidad y diversidad en sus dieciocho secciones..." Salvador Redonet En julio como en enero, # 8/89 Cuba. "...esta novela de aventuras, constituye un excelente ejemplo de contemporaneidad y cubanía (...) La fantasía que se desborda en Tía Julita es por tanto, no una elucubración dislocada de un autor, sino una recreación artística de la fantasía propia de los niños(... ) El libro que comentamos puede igualmente servir de modelo de como con los recursos de la fantasía y la imaginación se puede conformar una visión moderna y progresista de nuestro mundo..." Denia García Ronda. Caimán Barbudo, diciembre de 1988. Cuba. - de PEDRÍN. "La habilidad con que Luis conduce las acciones, la ductilidad de un lenguaje que consigue, con solo una palabra darle el carácter de irrealidad a lo real...ponen en evidencia un cuidadoso oficio que avisa desde la sangre, una música personal, un discurrir desde el subconsciente del artista que dicta, con envidiable fluidez, cada imagen, cada símbolo". Ricardo Riverón Rojas. Vanguardia, 14 de septiembre de 1991. Cuba. "Pedrinho e un livro infantil e singelo, de apenas 43 paginas, que se pode ler num piscar de olhos. So que dificilmente alguem fara isto. Simplesmente porque, a todo momento, vai interromper a leitura para saborear as deliciosas imagens construidas pelo autor para refletir sobre alas ou soltar a imagidacao no fantastico mundo da fantasia. Con passagens desse tipo, o autor vai narrando as peripecias de Pedrinho, una especie de Pequeno Principe, porem latino". Vilson Mendes. Vivencia 2do. semestre/94 # 15 Santa Catarina. Brasil. - de LOS CALAMITOSOS. "La reflexión sobre la condición humana, sin borrar los signos de lo figurativo costumbrista, se condensa artísticamente en personajes paródicos, hiperbolizados, mitificados, a partir de sus vicios, de sus calamidades "humanas", creándose la singular mitología de un bestiario pueblerino o de un Olimpo criollo". Aimée González Bolaños. Isla # 104. Revista de la Universidad Central de Las Villas. Cuba. - de CARLOS EL TITIRITERO "La intervención del autor en su obra, hasta el punto de compartir momentos de la acción con sus personajes es un truco genial que se remonta por lo menos al siglo XVIII...pero dudo en un desarrollo tan hábil y consecuente como en este libro...Su estructura es compleja (lo que se nota menos en el plano externo que en el interno), debido a la introducción de once (di)versiones teatrales y a la secuencia fragmentada de episodios...Entre los géneros dramáticos incorporados a la obra no faltan el drama clásico español, el moderno espectáculo escénico interactivo; pero la interrelación abarca también formas del arte y la comuniación como la novela radial, el comic y muy especialmente, los dibujos animados. Otras presencias...nos remiten al no menos rico ajuar de intertextualidad". Joel Franz Rosell. Revista Latinoamericana de Literatura Infantil # 5/97. Colombia. "Carlos el titiritero sitúa en su centro al proceso de creación artística, la relación del autor con el mundo creado y con sus destinatarios (...) a través de un sugestivo juego de espejos y de cambios de roles, el autor narrador de la obra, se relaciona con los personajes, (...) y a la vez el lector con el mundo narrado (... )unida a la desaparición ostensible de efectos de límite entre realidad/ficción, también resultan altamente expresivos de lo peculiar de esta narrativa". Aimée González Bolaños. La literatura infantil cubana ante el espejo. Ediciones Luminarias. Cuba. - de CATALINA LA MAGA. "Luis Cabrera retoma sin maniqueismos el mundo de los adultos, los crítica, desde la mira de la niña que contrapone la magia al sin sentido. Con humor y un personaje bien estructurado Catalina la maga plantea al final la posibilidad de que todos los niños sean magos, como traduciendo la necesidad de que las nuevas generaciones, responsables de vivir en el mundo futuro, a través de la tolerancia y de la lógica sean capaces de crear un planeta mejor". Constanza Padilla R. Revista Latinoamericana de Literatura Infantil # 7, enero-junio de 1998 Colombia.